Llueve incansablemente sobre mi ciudad. Desde temprano el agua baña las calles, se esconde entre las baldozas flojas, cae forazmente sobre las paredes llenas de humedad, y da de comer al musgo verde que crece en las grietas de las casas.
A pesar del gris que envuelve la ciudad, me siento en pleno amanecer. Como si realmente fuese una lluvia sanadora, me limpio en ella, dejo que se lleve por las rejillas la incertidumbre, y me quedo conmigo. Dejo de esperar. Retomo los sueños que se quedaron dormidos a mis espaldas. Hoy tengo que salir, no hay excusa para quedarme inmóvil...
Definitivamente, tenía que llover... estamos hechos de nubes, ¿pero quién nos ata? NADA NI NADIE.
Salud por el tiempo que nunca es perdido.
No retrocedo, sólo tomo impulso.
A pesar del gris que envuelve la ciudad, me siento en pleno amanecer. Como si realmente fuese una lluvia sanadora, me limpio en ella, dejo que se lleve por las rejillas la incertidumbre, y me quedo conmigo. Dejo de esperar. Retomo los sueños que se quedaron dormidos a mis espaldas. Hoy tengo que salir, no hay excusa para quedarme inmóvil...
Definitivamente, tenía que llover... estamos hechos de nubes, ¿pero quién nos ata? NADA NI NADIE.
Salud por el tiempo que nunca es perdido.
No retrocedo, sólo tomo impulso.


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